EL NARRADOR DE LOS HOGARES


EL NARRADOR DE LOS HOGARES






El partido de fútbol de ensueño para toda la familia es como un River - Central en el 2000, la presentación en sociedad del colectivo, los fantásticos, una exhibición como una del Real Madrid en Chamartín o en Hampden, con sus aderezos, sus “appetizers” y la voz de Marcelo. Como todo un caballero, desde los 80, ha vestido de traje el relato para el ejecutivo, el “niño nuevo”, y ha cumplido su palabra, como cuando Medero, el niño de Hurlingham hizo el gol, terminó el relato del gol y se fue.


Un narrador, relator, ante todo  es un “gentleman” en su educación, discurriendo desde su corbata. Es uno que habla al “newbie” y lo guía a la emoción, no al revés. Es también el que convida a la familia y al esparcimiento y no a lo contrario. Debe saber lo que significa “desopilante” y hacerlo en  su discurso y su relato. De vez en cuando salir del castellano y narrar aunque sea en “broken english”. Que domina la radio como en las mejores galas en la pantalla chica. Que sea un auténtico crador de experiencia. Indudablemente debe tener dotes de cantante, y de pronto, entonar, deleitarnos. Mejor si no es así, en lugar de robar o quemarnos los oídos, que no toque el micrófono y se salga. 


Un narrador es un ornamentado, un “casseur”, un delicioso, con sabores y matices. Es suculento el gol de Gareca para ir a México ’86. Delicado de emoción el de Canniggia ante Brasil en Italia ’90. Dulce el gol del “Turu”, el del “Burro” o el del “Loco” como si fuera el de Maradona, o aquel Central - Boca en el Gigante, más dulce la semana siguiente la asunción de Boca del Virrey. Gracias a Marcelo porque yo tuve Fútbol de 1a., a Tití y Benedetto, sentarme yo también con la familia argentina como esa noche cenando con m hermano en Buenos Aires, como un niño de Caballito, Liniers, Paternal. Porque yo también quería que River hubiera sido campeón y porque amé y me hice de Vélez. Porque tengo también todos siguiéndolo los domingos después de la cena, Nelson, Pons, Bricco, Giralt, Perazzo, Helueni. Vignolo, escuchándolos a todos. Me siento apenado como Garotão da galera cuando Apolinho se fue. O como Victor Hugo anunciando su obituario. Como persona que lo ha intentado en la industria de la voz, doy gracias también.

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