LLORAR POR PELOTA VALE
LLORAR POR PELOTA VALE
Aseré, mi Olodumaré, yo también rogué a Elegguá el trofeo y traérmelo al altar. Yo también de cachorro dediqué el fin de semana a preparar la miel, los inciensos, para mi primer título y fiesta de gala en la Corona, y después del revés en la consagración, me sentí desgarrado como una bestia herida. Después de púber, me dieron un regalo de chance de campeón, conseguí más girasoles, azafrán, yerbabuena, mejorana, rosas de Castilla, vestí a los Orishas de traje, hice los novenarios, oré con fervor, y en la estación anteúltima, perdimos y vagaba un nene inconsolable . Las especies de marfil, a sus finados, los cubren con hojas, los consienten con sus trompas, le conceden funerales y duelos auténticos, y así retoman de nuevo y regresan a los estanques y la sombra, felices después de pérdidas penosas. La pelota no inmola a los cachorros buenos. Los cariocas después del Maracanazo convidaron frías, telas, souvenir a los campeones charrúas. Los llantos son también para los nenes sanos y no para los otros, porque son una bendición de aceptar y sanarse, son eucaliptos para descongestionarse de los residuos y las picaduras de animales, y mañana el universo sigue como si nada. El llorón es libre al sol y no tiene ganas de maquinar cómo roer al escondido.
Comments