LA SALSA DE KALISTAN
LA SALSA DE KALISTAN
samsa y te verde de casa,
la mahalla o la madrasa,
escuchar a Zokirov.
No lo ordinario o lo snob,
o ese chabacano rucio,
sus intentos y usos sucios
por gemas en su país.
Tim se ha ganado París
como querría el héroe Lucio.
Guzal pasea en Andiján,
quiere ser como Shahzoda,
es de seda como una oda
dedicada a Tamerlán.
Dice sí al de Samarqand,
no al que su tocador rompa
o en el teatro la corrompa
como cuando a la japonesa.
Viste azul, carmín, turquesa,
en su tul que no se compra.
Una banda sin comparo,
están Yusupov, Khusanov,
Fayzullaev, Shomurodov,
al estilo Cannavaro.
Todo es exquisito y caro,
la categoría del hombre
que con estilo me asombre.
Mientras, Tim, Guzal, galantes
alentando como amantes
a su gente por su nombre.
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