ALBUM BAD-LER GIRLS IN DA HOUSE
ALBUM BAD-LER GIRLS IN DA HOUSE
Una, y dos, y tres rubias caprichosas, atrevidas, temerosas. También la que engulle especies. La que carga una daga. La de ojos púrpura con un apellido escrito como la idea del deceso y la desgracia. La loca come hueso. Mejor que en vez de ser la loca, sea la musa, la profetisa. Con la musa hemos pasada un idilio caliente como Los Amantes de Raphael. Le gusta escuchar Los Amantes, los pollos más tiernos como yo, las películas de miedo, hemos cenado reses, peces, aves, a la paila, apanados, y terminamos la relación por su afición a no desperdiciar un pedazo y terminárselo a oscuras. Yo creo que soy un amante pésimo, soy de más buena mesa y me preocupé que estuviera siempre satisfecha y no marchitar su jardín que disponía para mí con primor. Me da miedo también salir con una que hable sólo de la saga de Juegos Macabros. Por eso me da miedo también salir con la que cargue una daga sin ser omaní, siendo del Al-Andalus o de Verona. La chica que me gusta también tiene ojos púrpura, viste y habla como una madame de más de 60, es muy seria y no sabe qué es bolos. El que me averigua por qué salimos, yo le digo que usa encajes, seda y tacones y tiene voz de muñeca con que me canta y susurra lo más íntimo. Mis chicas malas les gustan las de miedo y fueron apóstoles de la Diana y la Ciccone. Por las chicas yo también aprendí el placer de la lectura, a escuchar música de autor, a no temer a los espantos, ser indecente, y como las aristocráticas, a bailar el más dulce “House”. A bailar el Vogue, el Grand Piano, las de la mujer gitana, de Lelewell, de Westworld, de Boeing, y el baile más suntuoso, feliz, vicioso, con los que golpean a pura sangre, el bombo, los cueros lucumí y el piano estilo Thelonius. Las chicas son houseras auténticas, gitanas, exquisitas, no siguen el estereotipo de la cheerlader saliendo con el muñeco del gimnasio, no van por el final feliz, menos por metas, abanderadas de la tentación, la rebeldía, la indecencia, tal vez como Marcela según Valencia y Garavito, enlodadas rebuscando los íntimos, los exclusivos, los clásicos verdaderos.
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